20 de noviembre de 2017
Con al menos dos goles en momentos muy oportunos (ambos de Facundo Parodi) y una superioridad que terminó por acentuarse en todo el complemento, Alumni derrotó a River en la ida de semifinales. La imagen riverplatense fue desluciéndose mucho a medida que el triunfo alumnista se fortaleció. La revancha confirmará un clasificado a la final.
Con mucha justeza en el cabezazo, a los 3 minutos Parodi abría el marcador en River.
Sólo hubo una real y pareja oposición de fuerzas en el primer tiempo, lapso en el cual se repartieron en casi dosis iguales los méritos, las acciones más relevantes y los goles. Pero ya en el complemento, sin llegar nunca a ser superioridad abrumadora y en buena medida gracias a la notoria mejora en el rendimiento de Flores, Alumni hizo suyo el partido, se impuso a un River anodino, que no generó una sola ocasión de gol en toda la segunda mitad. El albinegro fue generando superioridad en la misma medida en que la banda roja comenzó a alejarse de Acosta, como si el 1 visitante se perdiera en el horizonte al que el local nunca alcanzaba a llegar.
Una asistencia masiva, que llenó el Waddío Hesayne, fue inicialmente la seña particular de la expectativa que generaba este mano a mano de semifinales. Fundamentalmente para River, que no paladeaba el azúcar de una penúltima instancia de certamen desde mucho, mucho tiempo.
Tempranamente comenzaron muy mal las cosas para el local en su casa. No bien pitó Castro (con errores muy graves en su arbitraje), la cebra hizo base en la mitad riverplatense y comenzó a atentar contra el fondo. Un tiro de esquina, a los 3’, fue muy bien usufructuada por Facundo Parodi, el mejor de la cancha: el 10 se había pegado a Albarracín cuando su compañero caminaba al balón (tal vez por ello lo descuidaron); mientras la bocha volaba, el delantero se despegó hacia el segundo palo, ya sin marcas, cabeceó –cruzado y bombeado– y convirtió.
Dos asignaturas pendientes para River en los momentos iniciales: la posición de Ridao por izquierda (en el cómodo espacio entre Fuentes y Mastantuono), una posibilidad ofensiva que desconcertaba a la defensa y generaba dudas a los volantes; y el doble 5 de Basaure-Acuña. Porque la rápida modificación del marcador fue el detonante para que “Chachi” se despegase de Francisco, oficiando netamente como enlace, buscándose constantemente con Duarte. De momento, el visitante preponderaba con un buen control de pelota y con precisión en las salidas prontas, mayormente por las aristas.
La superioridad alumnista comenzó a perder vigor a partir de los 20’ aproximadamente. River finalmente materializó la reacción que no alcanzaba a insinuar, equiparó la tenencia (y el uso de la misma, que en realidad es la clave) y deja ver otro carácter. La gravitación de Acuña se asemejaba a la expectativa que se tiene de él (nada retrasado, como en otros partidos). Alumni ya no recuperaba en la mitad local y cuando lo consigue, derrocha inmediatamente su administración; Flores –con relativo abandono de los suyos al momento de cerrar filas– se retrasaba hasta muy cerca de los centrales y el bloque defensivo fortificaba posiciones.
El 1 a 0 ya no estaba tan bien solventado por la historia que contaba el partido. La escuadra visitante casi no acertaba contras y no conseguía unir jugadores para restar ímpetu a su oponente. Fallaba en la traslación que pone al equipo en faz de ataque, cuando la habitual velocidad de este equipo pasa de 0 a 100. El final del primer tiempo era la peor versión del cotejo hasta entonces, pero ofrecía una gran atracción.
Un tiro libre en tres cuartos (un poco más adelante tal vez), Marcelo Duarte –por enésima vez– se hizo cargo de la pegada y mandó el balón por fuera de la barrera y prácticamente a ras del suelo. Acosta tuvo una reacción cuanto menos particular: pugnó por hacer un rechazo con sus pies y la pelota se le filtró hacia la red. Puede justificarlo algún desvío en el camino que desde zona de cabinas no se apreció.
Lo que vendría a partir del reinicio del juego para el segundo tiempo sucedería muy a merced y gusto de Alumni. Había recuperada el brío del comienzo, la ocupación del territorio ajeno y la disposición de la pelota; frente a sí, la banda roja se comenzaba a desinflar (llamativamente).
Cantando al gol como Parodi. Facundo convirtió en el albor y en el cierre del cotejo. Dos intervenciones fundamentales para la ventaja albinegra.
FOTOS NACHO CORREA
A los 18’ se produce uno de los grandes yerros del árbitro. El balón llega al segundo palo del arco de Albarracín en el sentido derecha-izquierda; Mancino salta y con la pierna en alto intercepta el esférico, éste picó y en su ascenso golpeó uno de los brazos del defensor (que caía en su salto). Penal sancionado por mano del 3 y gol de Nicolás Canelo. Este gol profundizaría todavía más las diferencias, fundamentalmente las anímicas. River se sentía perjudicado y estaba en desventaja ante un equipo que había comenzado a frustrarlo, algo que no había logrado siquiera en el primer tiempo con el tempranero gol. Llamativamente, unos 20 minutos después del 2 a 1, Páez interceptó –dentro del área– con un brazo por sobre su cabeza un balón que iba directo al arco de Albarracín. De frente a la acción, el juez permitió la continuidad del juego.
El vencedor conseguía entonces que su oponente, dolido y con urgencias, pasara mucho tiempo sin controlar la pelota e invirtiendo resto físico en una marcación que tardaba en interrumpirse. El arco de Acosta quedaba muy lejos, el gol de Canelo sirvió para un ensayo de reacción, pero lo cierto era que River no pateaba al arco. Con la expulsión de Echevers (envalentonada por el asistente Bermay) por doble amarilla, el sol de la ventosa tarde parecía iluminar sólo a los alumnistas en el norte.
Cuando Parodi, al cabo de una notable acción colectiva a los 41’ (nutrida por una buena sucesión de pases en torno al área mayor loca), cabeceó al gol en la puerta del arco riverplatense, la misión de Alumni estaba consumada. Había sido ya muy efectivo para desintegrar a un River que terminó muy desalentado, con más preocupaciones que la desventaja en el resultado.
LA FIGURA
Facundo Parodi
Los dos goles nutren casi por completo esta opinión. El primero acomodó el partido, el segundo liquidó la última ilusión rival. Pero Parodi fue más que dos goles: una opción de sociedad constante, un atinado cabeceador en el área rival, el uso de diagonales que abrieron caminos, un sacrificado primer “defensor”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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